viernes, 12 de abril de 2013

¡Cállate!


Un día «bueno» —de esos en los que todo sale bien en el trabajo, y te sientes feliz—, a punto de irnos a comer; voy con el Migue y le digo que se lave las manos. Me doy la media vuelta y lo escucho a mis espaldas en un tono de voz bastante alto: «¡Cállate!». Por un breve instante estuve a punto de perder la compostura y ponérmelo como lazo de marrano. Súbitamente, un pensamiento surge en mi mente: «no lo regañes —todavía—, primero investiga por qué lo dijo; a lo mejor no le quiere imprimir el significado que estás interpretando».
—¿Cómo me dijiste? —Le pregunto en un tono de inquisidor.
—Nada. —Me responde con la mirada baja y casi en un susurro. Decido dejar el asunto así, sin insistir.


***

Semanas más tarde, en un día no tan bueno —de esos en los que el estrés está a punto de sacarte los ojos de las órbitas—, estábamos listos para comer, y el perro ladrando desde hacía media hora. Los ladridos retumbaban en mis oídos, haciendo un eco infernal en la cabeza; hasta que, a punto de explotar, le grito al animal: «¡RIGO, CÁLLATE!». Y tras de mí, una vocecita que le grita: «¡Cállate!».

Está de más decir que me vino a la mente el episodio anterior, donde el niño me había callado. Ahora sabía de quién había aprendido esa frase: ¡de mí! Tuve que colocarme a la altura de mi hijo y explicarle que esa palabra sólo se usa con los perritos, no con las personas. «Eso no se le dice a la gente, es falta de educación»; desde entonces, tengo que pensar dos veces las cosas antes de decirlas, porque fuera de contexto, pueden ser fácilmente malinterpretadas  ¿Qué habría pasado si en el primer episodio lo hubiera reprendido fuertemente? Al menos le causaría una grave confusión: «Mi papá me regaña por repetir lo que él dice».

Peritos
Foto: martins.nunomiguel vía photopin cc

3 comentarios:

JRR dijo...

pues nada, que ya Serrat lo ha dicho mejor:

"A menudo los hijos se nos parecen"

Peritos dijo...

@JRR: No sólo se nos parecen, sino que nos imitan. Si hay alguna actitud que no te gusta de tu hijo, ¡cuidado!, porque tal vez la aprendió de tí.

Gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

Muy buena reflexión.

Tío Flaco.