miércoles, 17 de abril de 2013

¿En qué quedamos?



A Gaby —mi esposa— la multaron hace algunos meses por estacionarse en lugar prohibido. Miguel me acompañó a recoger la placa. En el camino, él quería entender por qué teníamos que hacerlo. Para simplificar un poco las cosas, hice la analogía de cuando nosotros le castigamos sus juguetes por hacer cosas indebidas:
—Papá, ¿a dónde vamos?
—A recoger la placa del carro de mamá. El policía se la castigó porque se estacionó en donde no debe.
—¿Y se la quitó?
—Sí. Como cuando tú no guardas tus juguetes y nosotros te decimos que no los puedes usar hasta el siguiente día. Igual con mamá. El policía le guardó la placa y nosotros vamos por ella, porque ya se la va a regresar.
—¿Ya no se la castigaron?
—No. Ya la puede usar, pero no debe volver a estacionarse donde no tiene permiso, para que no se la vuelvan a quitar.
—¿Y el policía te quita la placa a ti?
—Los policías quitan las placas cuando te estacionas donde no debes, o cuando vas muy rápido; también si hablas por teléfono cuando manejas. No es correcto hablar por teléfono y manejar porque puedes chocar.
—Pero tú no haces eso, ¿verdad? Por eso el policía no se lleva tu placa.
—Exacto, Migue. ¡Tú sí sabes!

Algunas semanas más tarde, en una salida de fin de semana, pasábamos al lado de un parque —en automóvil, por supuesto— y mi teléfono sonó. Al ver que eran asuntos de trabajo —una posible paga—, decidí tomar la llamada. En mi defensa (y al intentar defenderme, implícitamente estoy aceptando haber actuado mal) he de alegar que me encontraba avanzando a escasos 30 Km/Hr y que la llamada no duró más de un par de minutos; sin embargo, al colgar, escuché una vocecita en la parte trasera:
—Papá... ¿en qué quedamos?
—¿En qué quedamos de qué, m'hijo?
—El policía te va a quitar la placa —y aquí me quedé sin habla. ¿Qué le digo? ¿Que no había patrullas cerca y por eso lo hice? ¿Que si no te ve nadie no hay problema? No me quedó opción aparte de admitir mi culpa y prometer redención.
—Tienes razón. No se debe hablar mientras manejas. No lo volveré a hacer.
—Bueno, porque no queremos ir mamá y yo después por la placa con el policía.

Y esto me lleva a concluir, sin temor a equivocarme, que en la gran mayoría de las veces, les hablamos a nuestros hijos de cosas, actitudes, comportamientos, acciones y demás preceptos que NO acatamos pero que nos gustaría que ellos siguieran (comer saludable, hacer ejercicio, meditar, no mentir, etc.); y lo más interesante de esto es que ellos captarán sólo algunas ideas de lo que decimos, pero imitarán el 100% de lo que hacemos. ¿Quieres ser un papá consciente? Pues a dar el ejemplo con tus acciones y no el sermón con tus palabras.

Peritos
  Foto: Thomas Hawk vía photopin cc

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querido compadre; efectivamente... "El consejo ayuda, pero el ejemplo arrastra"

No hay duda de tu gran interés por tu familia y especialmente por tus dos retoños. Estoy seguro que ya eres un gran padre y disfrutarás a tus hijos cuando sean grandes, como pocos. Ya lo verás.

¡¡¡FELICIDADES!!!

Tío Flaco.

Anónimo dijo...

¡¡EXCELENTE REFLEXIÓN!! SRL