viernes, 29 de noviembre de 2013

¿Les ha pasado?


Seamos sinceros. A todos nos ha pasado.

Estaba sentado en la taza, terminando mis asuntos cuando de pronto lo noté: el rollo de cartón ¡sin papel! El pánico comenzaba a trepar por mi cabeza cuando imaginé que Miguel podría estar cerca.
—Miguel. —Inquirí.
—Mande. —«Salvado», pensé.
—¿Me puedes hacer un favor?
—Sí papito. —«Lo agarré de buenas».
—¿Podrías ir al baño de abajo y traerme papel?
—Claro.
Escuché sus pasos bajando la escalera. Una puerta que se abre. De nuevo el sonido de sus pies contra los escalones. Se acerca... ya viene...

—Ten papá. —Me dice al entrar al baño. Extiende su mano y observo con un sentimiento que no logro identificar: trae consigo tan sólo dos cuadritos de papel. No me quedó opción. Solté la carcajada y le agradecí su «abundante» aportación.

Peritos
Edad de Miguel: 4 años.
Foto: Jessia Hime vía photopin cc

jueves, 7 de noviembre de 2013

Despedida


Después de mi accidente comencé a buscar comprador para mi auto. Hoy lo vendí. Tras arreglar los papeles necesarios, acordamos una hora para que el nuevo dueño pasara a recogerlo en grúa. Ya se lo llevó. Parece tonto, pero antes de que lo remolcaran me despedí de él, le agradecí y —de alguna forma— me dolió.

Mi manera de ver el mundo es un poco como el panteísmo, donde «Dios» es el nombre que le doy al Todo: un mundo interconectado. Un engranaje en perfecta sincronicidad (no sincronía). Un universo donde cada una de las partes juega un papel importante en todos los eventos, pues cualquier cambio repercute —como si de onda de choque se tratara— de formas insondables para la mente humana; sin embargo, Gaby me hizo pensar un poco de forma animista: un mundo donde todos los objetos tienen «alma» (por decirlo de alguna manera). Todo está vivo y, siendo así, el auto me protegió en el momento del choque. Él se llevó todo el impacto. Él pagó el precio de mi inconsciencia... tras pensarlo así, no tuve más que agradecerle por estar ahí, por sus años de servicio y —tal vez a modo de consuelo— pensar que, de cierta forma, se volverá un «donador».

Que mi carrito llegue lejos, que trascienda. Si ya no lo puede hacer como una unidad, al menos lo hará en otros autos, sirviendo a más conductores que, tal vez, manejen mejor que un servidor. Gracias. Adiós.


Peritos
Edad del auto: 6 años, 1 mes, 8 días.
Foto: Claudio.Núñez vía photopin cc

viernes, 1 de noviembre de 2013

Diálogo robado


Me platicó mi hermana un diálogo con su hijo que me cayó en gracia, así que le pedí permiso para robármelo y colocarlo en este blog. Un ejemplo más de lo maravillosos que son los niños y de su forma literal de pensar.

Se levantaba mi sobrino hoy por la mañana (primero de noviembre) y, tras abrir los ojos, comienza a gritar:
—¡Mamá!, ¡mamá! ¿Ya es Navidad?
—No hijo, todavía no —dijo ella, sorprendida por la pregunta.
—¡Ah! —respondió un muy desilusionado chiquillo— Es que me dijiste que era después de Halloween.

Peritos
Edad de mi sobrino: 5 años, 7 meses.
Foto: cuellar vía photopin cc