jueves, 7 de noviembre de 2013

Despedida


Después de mi accidente comencé a buscar comprador para mi auto. Hoy lo vendí. Tras arreglar los papeles necesarios, acordamos una hora para que el nuevo dueño pasara a recogerlo en grúa. Ya se lo llevó. Parece tonto, pero antes de que lo remolcaran me despedí de él, le agradecí y —de alguna forma— me dolió.

Mi manera de ver el mundo es un poco como el panteísmo, donde «Dios» es el nombre que le doy al Todo: un mundo interconectado. Un engranaje en perfecta sincronicidad (no sincronía). Un universo donde cada una de las partes juega un papel importante en todos los eventos, pues cualquier cambio repercute —como si de onda de choque se tratara— de formas insondables para la mente humana; sin embargo, Gaby me hizo pensar un poco de forma animista: un mundo donde todos los objetos tienen «alma» (por decirlo de alguna manera). Todo está vivo y, siendo así, el auto me protegió en el momento del choque. Él se llevó todo el impacto. Él pagó el precio de mi inconsciencia... tras pensarlo así, no tuve más que agradecerle por estar ahí, por sus años de servicio y —tal vez a modo de consuelo— pensar que, de cierta forma, se volverá un «donador».

Que mi carrito llegue lejos, que trascienda. Si ya no lo puede hacer como una unidad, al menos lo hará en otros autos, sirviendo a más conductores que, tal vez, manejen mejor que un servidor. Gracias. Adiós.


Peritos
Edad del auto: 6 años, 1 mes, 8 días.
Foto: Claudio.Núñez vía photopin cc

No hay comentarios.: