Hasta hace unos tres meses, tenía un ladrillo por teléfono celular. Fue obra de mi esposa junto con mi comadre el logro de que adquiriera un dispositivo «inteligente». Cuando lo obtuve, me la pasé varios días viendo aplicaciones y configurando el teléfono. Recientemente descargué un programa gratuito en mi teléfono que monitorea mis ciclos de sueño: cuántas horas duermes, la cantidad de tiempo en REM e incluso tiene un sistema de grabadora que se activa automáticamente —si hay sonidos por encima de cierto nivel— para que puedas escuchar cuando roncas.
Como estaba probando el programa, decidí prender el sistema de grabación, aunque considero que no soy de los que emiten sonidos raros (ya sé, todos dicen eso... pero Gaby me lo confirma) y me topé —para mi sorpresa— con que alrededor de las tres de la mañana se escuchan unos piecitos sobre el suelo de madera y al poco tiempo una vocecita (de Miguel) que dice «Papá, soñé feo. Tengo miedo». Recordaba perfectamente esa parte de la noche, cuando Migue me despertó y lo invité a acostarse un rato en mi cama. Lo abracé por unos cinco minutos y luego lo llevé a su recámara, diciéndole que su juguete de Spiderman lo protegería de todos los malos que salieran en sus sueños. Regresé a dormir.
Lo que no recuerdo para nada, es lo que sucedió un par de horas más tarde. Migue ¡regresó!, y claramente se escucha ésta conversación:
—Papá, no se me quitó el miedo.
—Lávate las manos y se te quita.
—...
Incluso ahora puedo imaginar la cara de mi hijo pensando «¿¿¡¡QUÉ!!??»

No hay comentarios.:
Publicar un comentario