Debido a que recién inicio un nuevo trabajo no tengo días de vacaciones disponibles; así que Gaby y yo decidimos que, para que nuestros hijos no se quedaran sin salir este verano, se iría con ellos a un pueblo en el estado de Jalisco llamado Tapalpa. Ahí un amigo nuestro tiene una finca que opera como comunidad, donde cualquiera puede hospedarse. Los niños disfrutan del contacto con la naturaleza, mientras que los adultos se permiten aprender distintas labores desde el cultivo de hortalizas orgánicas hasta la creación de composta, pasando por talleres de meditación, cocina vegetariana y construcción orgánica con trencadís. Para no abandonarlos a su suerte —o, mejor dicho, para no sentir que los abandonaba a su suerte— viajé con ellos hasta la Granja Kaypacha, únicamente como compañero de jornada y me regresé al día siguiente para poder cumplir con mis obligaciones laborales.
En el camino de regreso, se me humedecieron los ojos. Aún no había salido de ese pueblo mágico cuando ya los extrañaba. Una parte de mí en realidad se quedaba con ellos; y, entonces, eso me hizo reflexionar cuánto basamos nuestra identidad en los roles que jugamos. Es decir: cuando me preguntan "¿quién eres?", contesto "soy el papá de Migue y Rafa", o me presento como el esposo de Gaby... así que si ellos me faltan, no sé quien soy. No estoy completo. ¿Quién soy realmente? ¿Por qué uso esa faceta como definición de mi identidad? Si sólo fuera eso, cuando ellos me llegaran a faltar perdería mi esencia. ¿Acaso no puedo ser sin necesitar nada ni nadie?
Mi vida aún se determina según estos roles, pero espero el día en que me pueda definir por lo que traigo adentro, y no por cómo actúo afuera, porque cuando de verdad mi identidad venga desde mi interior, seré 100% libre al no tener que cumplir con lo que se espera de mí en los diferentes papeles que ejecuto. ¡Qué desdicha la nuestra!, porque necesitamos otras figuras y múltiples representaciones para sentirnos llenos, útiles, vivos. Cuando aquello que dicta quiénes somos está determinado por una postura familiar, social, religiosa o incluso por inclinaciones deportivas o políticas, estamos destinados a sufrir una y otra vez, porque todo cambia y sólo cuando tu esencia viene desde tu interior es que se puede alcanzar la paz; y un ser en paz es un ser consciente.
En el camino de regreso, se me humedecieron los ojos. Aún no había salido de ese pueblo mágico cuando ya los extrañaba. Una parte de mí en realidad se quedaba con ellos; y, entonces, eso me hizo reflexionar cuánto basamos nuestra identidad en los roles que jugamos. Es decir: cuando me preguntan "¿quién eres?", contesto "soy el papá de Migue y Rafa", o me presento como el esposo de Gaby... así que si ellos me faltan, no sé quien soy. No estoy completo. ¿Quién soy realmente? ¿Por qué uso esa faceta como definición de mi identidad? Si sólo fuera eso, cuando ellos me llegaran a faltar perdería mi esencia. ¿Acaso no puedo ser sin necesitar nada ni nadie?
Mi vida aún se determina según estos roles, pero espero el día en que me pueda definir por lo que traigo adentro, y no por cómo actúo afuera, porque cuando de verdad mi identidad venga desde mi interior, seré 100% libre al no tener que cumplir con lo que se espera de mí en los diferentes papeles que ejecuto. ¡Qué desdicha la nuestra!, porque necesitamos otras figuras y múltiples representaciones para sentirnos llenos, útiles, vivos. Cuando aquello que dicta quiénes somos está determinado por una postura familiar, social, religiosa o incluso por inclinaciones deportivas o políticas, estamos destinados a sufrir una y otra vez, porque todo cambia y sólo cuando tu esencia viene desde tu interior es que se puede alcanzar la paz; y un ser en paz es un ser consciente.

3 comentarios:
Que gusto leerte de nuevo. ¡Ya te extrañaba primo! Besos.
Sublime Peritos, como dice Mariana, ya te extrañábamos.
Un abrazo.
Tío Memo.
Que profundo amigo!..pasame el churro pa andar iguales!..jaja broma. Me surgieron varias preguntas, pero me pregunto si me las contestarias por aqui..asi que mejor antes de preguntarte te saludo para estar en contacto!
un abrazo!
Raul Baca
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