Domingo. Día del padre. Tempranito por la mañana me dieron un masaje por este día. A las ocho y cuarto de la mañana estaba acostado y el masajista estaba preparándose. He de aceptar que el masaje fue raro (creo que le llaman masaje Shiatsu, Tailandés u oriental), porque comenzó cuando el masajista se paró... ¡sobre mí! Colocó sus pies en mi espalda alta y comenzó a recorrer mi espina hacia arriba y hacia abajo. Un rato después, se dejó caer —o así lo sentí yo— y acabó de sentón sobre mis lumbares bajas, siguiendo de sentón en sentón hasta llegar a estar casi sobre las cervicales. Esto continuó por varios minutos y la verdad hubo momentos en los que dolía. Terminé por decir «gracias, pero ya no quiero más masaje» y me levanté de mi cama.
Bueno, considerando que el masajista tiene dos años, creo que no estuvo tan mal. ¡Feliz día del padre!

1 comentario:
JAJAJAJAJAJA ¡¡BUENÍSIMOOOOO!!
SRL
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