domingo, 9 de junio de 2013

Para despistar


Todos los niños se ponen nefastos cuando están cansados. El Rafa no es la excepción. En su modalidad chilletas, ya nos había comenzado a desquiciar, así que decidimos ponerlo a dormir... o sea, llevarlo a su cama. El chamaquito está muy familiarizado con la rutina de la siesta, que es darle su leche y ponerlo en la cuna. La leche de hecho la relaciona directamente con irse a dormir, así que para preguntarle a Gaby si le iba preparando la mamila, decidí hablar en «código», con el fin de evitar que el Rafa entendiera que estaba a punto de visitar el reino de Morfeo:

—Éste —señalando con la mirada a Rafa— ya me tiene hasta la coronilla.
—Sí —respondió la mamá—. Está cansado desde hace rato.
—¿Y si le preparo su lácteo? ¿A ver si clava el pico? —Y tras ver que asentía, me dirigí al niño:— Rafa, ¿me acompañas por una mamililla? —Y comencé a quitarle los huaraches.
—No, no, no papá —rezongó mientras se agarraba los pies.
—Bueno, entonces voy solo —dije, mientras me acercaba a la puerta, esperando que él quisiera venir conmigo.
—¡No papá! ¡No vayas! —respondió inmediatamente. Sonreí para mis adentros. Regresé y le terminé de quitar el calzado rápidamente.
—Dile a mamá que ya nos vamos. Que vamos por tu líquido mágico.
—Adiós mamá. Cheche mamá.

Efectivamente, «cheche» en rafesco significa leche. A veces como padres no nos damos cuenta de qué tan avanzados están los niños en sus capacidades de entendimiento y los subestimamos. Esto ocurre más en niños como el Rafa, que aún no se expresan bien, pero que entienden prácticamente todo. Nosotros haciendo juegos de palabras a lo grande, para que el escuincle supiera desde un principio qué tramábamos.

Peritos
Edad del Rafita: 1 año, 11 meses.
Foto: nerissa's ring vía photopin cc

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