miércoles, 24 de julio de 2013

La bestia

Foto: Paco Ruiz vía photopin cc

bestia.
(Del lat. bestĭa).

1. f. monstruo (|| ser fantástico que causa espanto).
2. com. Persona ruda e ignorante. U. t. c. adj.



En casi todas las entradas de este blog enumero alguna situación en la que pierdo el control. Describo escenas de cuando mi bestia interna sale a la luz y me transformo en una criatura irracional (y muy enojona, diría el Migue); y desde hace varios días ya no la puedo controlar. Ayer comencé una racha crítica: me desespero con Gaby y con los niños por cualquier cosa y quiero estar solo. Les grito, los amedrento, los regaño y demás acciones propias del monstruo, pero muy alejadas de la consciencia que pretendo personificar. Hoy hasta a mi perro le tocó una regañiza sólo porque estaba molesto. ¿Qué me está pasando?



Da clic para ampliar la imagen.

Durante mi infancia, todos los comportamientos inapropiados fueron reprimidos. A base de condicionamiento modifiqué todas mis actitudes para que cuadraran con lo que la sociedad, familia y religión exigían. Nadie me preguntó a mí qué es lo que quería. Ni siquiera yo. Ahora, al mirar en mis hijos todos esos actos que yo aprendí a refundir en lo más recóndito de mi mente, surge una necesidad imperante por querer que ellos inhiban esas actitudes también. El Migue, por supuesto, me reta y hace que sienta que pierdo el control de la situación (que, de hecho, no tengo); entonces la bestia surge para demostrarle al niño quién manda. Es un intento pusilánime por lograr en él una represión igual a la mía. Y aquí es donde patino. Patino porque no creo que sea el camino a seguir, pero tampoco sé qué hacer. Entiendo que hay cosas que no puedo permitir porque ponen en riesgo a mis pequeños, pero otras simplemente son mal vistas sólo por costumbre. No hay peligro real. Y en algunos casos, tras dedicarle unos segundos de consideración, ni siquiera los creo erróneos.

Cuando la consciencia se retira —dejándome como bestia—, mis actos son irracionales y exagerados. Grito y obligo a los niños a que me obedezcan ya sólo por el simple hecho de dominarlos. Me pierdo en ese animal hasta que algo me fuerza a retomar consciencia; y puede pasar mucho tiempo para llegar a ese punto.

Al consultar a los «expertos» en el área, hay varias opiniones encontradas: las corrientes conservadoras piensan que esas emociones deben ser reguladas por completo. Eliminadas. El control no debe perderse nunca. Creo que jamás lograré dominar esto y que lo único que se logra es alimentar al monstruo interno, en espera del día en que llegue el catalizador indicado que nos hará perder la cordura por completo. Y en algunos casos será un viaje sin retorno. Otros dicen que debería hundirme en las emociones; pero estos no saben la desesperación que representa. No ven el daño que le hago a los que me rodean y en especial a aquellos que amo más. No conocen a «mi» bestia. ¿Cómo es posible que esperemos que la sociedad esté llena de buenos elementos si no soy yo quien educa a mis hijos? Es el animal. Admito que no está en todo momento, pero se filtra a través de mis palabras, se disfraza en mis posturas, se hace presente en las cosas que hago. Esa criatura es la que está dejando el legado en mis hijos. Mis niños están absorbiendo rápidamente todo y creando su propia quimera. Después, como todo buen «papá consciente» les enseñaré a encerrarla; pero esa no es la solución porque tarde o temprano saldrá a la luz. Y no será agradable. Probablemente lo hará hasta que ellos tengan sus propios hijos, preservando así la esencia misma de ese ente generación tras generación. No. Hay que conocerla desde antes. No negarla. Identificar dónde empieza uno y termina la otra; porque no necesita mucho para ser liberada. Es sólo cuestión de empezar a golpear la jaula, y el mundo se encarga de golpear en los puntos indicados, porque es en sí un reflejo de nosotros mismos. Y de todo el mundo, nuestro más fiel espejo son los hijos.

He pensado cómo luchar con la bestia, pero aún no lo infiero, y probablemente lo que sucede es que no la conozco. No se cuales son sus fuerzas ni sus debilidades. No se qué la motiva de día y qué la mantiene tranquila y durmiendo de noche; así que el primer paso es el conocimiento. Es admitir que está ahí para darnos la oportunidad de conocerla. Eventualmente sabré cuándo quiere surgir y podré adelantarme a los hechos. Podré detenerla antes de que la transformación sea completa, o dejarla correr libremente cuando la situación lo permita.

Peritos
Foto: Christophe MacLaren vía photopin cc

3 comentarios:

Marco dijo...

Hola Arturo,
Mi recomendacion es que busques la forma de ejercitarte. Por lo que llevo de conocerte se que no practicas mucho deporte, pero considero que es una parte importante que debes tomar en cuenta para tu vida. Te dejo algunas ligas que encontre en donde te dicen (de forma muy general) lo que todo mundo ya hemos escuchado (jaja), el ejercicio te ayudara a liberar tensiones. Ademas te recomiendo que busques generar un tiempo para hacer ejercicio con tu familia, veras que compartir con ellos estas actividades va a reforzar su comunicacion. Tambien te recomiendo que generes tiempo para que hagas ejercicio por tu cuenta, escucha tu musica favorita mientras lo haces!!.
http://www.sanarte.cl/2009/06/beneficios-del-ejercicio-fisico-en-la-salud-mental/
http://www.alimentacion-sana.org/PortalNuevo/actualizaciones/beneficiosejercicios.htm
(Este articulo es dedicado a las chicas, pero "who cares!!", es ejercicio :P) http://mujer.terra.es/muj/cuidate/enforma/articulo/ejercicios-cambian-humor-36961.htm
http://saludpasion.com/beneficios-psicologicos-del-ejercicio-fisico/

Raul dijo...

Coincido contigo..el primer paso es el conocimiento de ti mismo y el saber identificar al imaginario (aquel que crees ser pero no eres) o la bestia como tu le llamas en accion...despues, cuando llega el momento que los sucesos entran primero por el lado racional que te permite filtrarlos antes de que llegue a las emociones y los canlices de manera motriz para bien o para mal notaras la gran diferencia. Se que no es facil pero vas por el camino correcto en mi opinion....

Luis H dijo...

Hola Arthur

Gracias por compartir esta parte de tí, llevo años con mi bestia, podría decirse toda mi vida, años guardándola para ser aceptado socialmente, para según yo y quienes me educaron, evitar problemas, nunca he medido su fuerza, y pocas veces ha salido, una media docena de veces estos últimos 10 años, una de las últimas, la estaban obligando a salir, en lugar de ayudarme a contenerla, tuve que huir para evitar soltarla, me gusto haberlo hecho, huir, porque se evitó un daño físico, pero llegué a un punto en que ahora quería sacarla, quería explotar, intento soltarla poco a poco, para que no cause destrozos que no quiero pagar.