De un tiempo para acá, los niños hacen su desmadre por la casa y no pelan ni a Gaby ni a mí. Malditas vacaciones. Son una bendición para ellos, pero a nosotros nos ponen en jaque porque, por desgracia, los dos tenemos que trabajar. Resulta que al encerrar a dos niños sin dormir y a un padre histérico en una casa, se obtendrá un manicomio. Y hoy estuvo de locos. Andaban los dos con su relajo cuando el Rafa agarró un juego llamado Comesolo (mostrado en la imagen), que consiste en un tablero de madera y varias canicas de vidrio. Se metió una de las bolas a la boca y entonces, de inmediato me sulfuré —un poco más de lo que ya estaba—: «Rafael, deja eso —dije, pero ni me volteó a ver—. ¿No entiendes que no debes agarrar los adornos de mamá?, y mucho menos metértelos a la boca. No te los metas a la boca. ¡A LA BOCA NO!» Dicho esto (y debido a que fui olímpicamente ignorado), me lo llevé a tiempo fuera y lo dejé ahí un par de minutos. Todas las emociones apelmazadas en la boca del estómago me tenían muy inestable. Ciento veinte segundos después, sale el chilpayate de su esquina de castigo y va directo... sí, ¡al pinche adorno! ¡Vuelve la burra al trigo! Me encabrono de nueva cuenta. Le quito las cosas de otra vez y le suelto un manazo. Me lo llevo otra vez a la sillita y lo obligo a sentarse.
—Rafael, ¿no entiendes? Te vas a quedar otros dos minutos aquí; y la próxima vez que te metas eso a la boca, te voy a pegar —le dije con una frustración y un enojo verdaderamente apabullantes.
—Papá —intervino el Migue—, ¿ya vas a empezar a pegar?
—¿Qué? —le pregunté, ido por la cólera.
—Que si le vas a pegar. Le dijiste que le ibas a pegar, y eso no es bonito —agregó, resaltando las últimas tres palabras con un dejo dulce, melodioso e inocente.
Y entonces la consciencia regresó. ¡Chale! Ni modo. Otra vez la bestia se salió del huacal; pero para justificarlo ostento el miedo —tal vez no tan irracional— de que si se sigue metiendo esas madres a la boca, una se le quedará a medio gaznate. Y entonces sí, pinche susto del que tal vez no me pueda reponer.
Peritos
Edad del Rafa: 2 años, 0 meses, 0 días.
Edad del Migue: 4 años, 2 meses.
Foto: Comesolo, producto de ARTE por manos mexicanas
Edad del Rafa: 2 años, 0 meses, 0 días.
Edad del Migue: 4 años, 2 meses.
Foto: Comesolo, producto de ARTE por manos mexicanas

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