En aquel remoto tiempo en el que era pequeño, mi familia me apodaba "el Avoyito" porque —cuenta la leyenda— cuando me hablaban para comer o salir o cualquier otra cosa que implicara dejar el juego en el que estaba, siempre contestaba «Avoy-é» (que se traduciría a algo como «ahí voy, eh»). Durante años y años fui motivo de risas entre la familia por esa frasecilla; y ahora me está tocando ver el otro lado de la moneda, ya que cuando le pido a Miguel que haga algo (lavarse los dientes, vestirse, ponerse los zapatos, etc.) y tiene que dejar el juego en el que está, me dice «sí» (cuando tengo suerte y me contesta) pero sigue inmerso en su juego. Hay que repetir la «orden» unas cuantas veces antes de que le entre en la mollera; y cuando por fin logras que comience la actividad solicitada, se toma tooooooooodo el tiempo del mundo. Es, en términos cotidianos, eterno; y para ser sincero es desesperante cuando tengo la premura de llegar a algún lugar o simplemente cuando lo estoy esperando para hacer algo.
En una ocasión, platicando con la directora de su escuela, nos dijo algo que me dejó pensando (haciendo referencia, principalmente, a su lentitud): «Él tiene sus tiempos para hacer las cosas. No lo apresuren. Dejen que haga las cosas a su ritmo»; y entonces entendí el simbolismo oculto de la palabra eterno. Significa que él vive el presente en todo momento. Existe en la eternidad. Sin pasado ni futuro. No tiene preocupaciones por lo que fue o lo que será. Solo le interesa el momento en el que actualmente se encuentra; y eso es disfrutar la vida al máximo. No digo que planear está mal, pero casi siempre mis actividades son un medio para un fin. Un simple paso para lograr alguna otra cosa que a su vez es otra tarea sólo para completar algo más... y así hasta que me llegue el día de dejar este mundo y nunca habré alcanzado la meta última. Si, en cambio, le hiciera como mi hijo y disfrutara cada momento, podría perderme en cualquier actividad. Dejarnos llevar por el presente. Entiendo que la vida moderna es demasiado agitada y no da tiempo para esto, pero también me queda claro que la decisión de qué tanto me dejo atrapar por esa vida moderna es sólo mía. Se podrá argumentar que el trabajo y las ocupaciones son necesarias para tener los bienes, pero en muchos casos esos bienes a los que tanto aspiro son cosas que no disfruto por mucho tiempo (por estar ocupado en obtener más bienes), así qué ¿qué caso tiene acumular lo que no se puede gozar?

4 comentarios:
El momento es ahora. Una buena lección a aprender, y una buena forma de ser absolutamente consciente de cada instante.
Excelente reflexión primo. Dale una leída a este post, es sobre el mismo tema
http://www.huffingtonpost.es/rachel-macy-stafford/el-dia-en-que-deje-de-decir-date-prisa_b_3747873.html
Llega a una conclusión que me encantó. Saludos
@Mariana: Leí el post que mencionas. ¡Me encantó! Traté de llegar más o menos a la misma conclusión: «La vida es ahora, en cada una de las pequeñas cosas que haces». Gracias por compartir.
Qué buena reflexión sobre vivir el momento eterno de los niños.
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