viernes, 30 de enero de 2015

Herencia macabra


Obviamente nuestros hijos heredan algunos de nuestros rasgos. Esos pequeños elementos que los hacen parecerse o actuar como nosotros, que los identifican como de nuestra sangre. Y también heredan muchas de las cosas que no nos gustan: huesos largos, facciones raras, dedos de los pies curiosos, problemas cardíacos o incluso tendencias emocionales. Mis dos hijos despliegan un abanico de atributos que son fácilmente rastreables a sus progenitores; pero lo que aún no puedo explicarme es lo que heredó Rafael:

En una ocasión Gaby escuchó ruido en la cocina. Ella estaba en la planta alta, y pensó «seguramente están los niños buscando los dulces que les acabo de prohibir». 
—Niños —les llamó desde la recámara—, ¿que están haciendo? No se vayan a comer los dulces.
—Yo no fui, fue Rafael —contesta Miguel.
—Yo no fui dijo su hermano inmediatamente—, fue mi colita invisible de trapo.

Gaby rió tanto que por la siguiente media hora no pudo articular palabra. No se de quién sacó esa «colita», pero estoy casi seguro de que no es mía.

Peritos
Foto: Daniel Bammert vía photopin cc

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