viernes, 17 de mayo de 2013

Interpretaciones encontradas


Hoy fue un día complicado y estresante. Hay días así. Salí del trabajo a medio día para ir a comer, pasé por los niños a su escuela y llegué a casa. No había sopa hecha, entonces saqué un arroz instantáneo para prepararlo en la estufa.

El empaque dice cocinar a fuego lento durante diez minutos, por lo que diez minutos lo dejé. Pinches instrucciones. El arroz se quemó. Más tarde Gaby llegó. Preguntó si quedaba arroz para ella a lo que contesté que sí, pero que se me había quemado; me dijo entonces que tiraría la parte quemada. Reproduzco a continuación el final de ese diálogo tal y como ocurrió:
—Voy a tirar el arroz —dijo, tras servirse un poco y observar el resto, negro y pegado a la cacerola—.
—Tira sólo lo que está quemado —respondí, implicando que había partes «salvables»—.
—Sí, ya me serví lo otro.
—Pues entonces tíralo —dije, molesto—.

En este punto, mi paciencia era tan pequeña como el núcleo de una amiba. Estaba molesto, irritable y su comentario me hizo enojar y ponerme a la defensiva... ¿por qué? Porque lo que yo escuché fue ésto:
No manches. Quemaste todo el arroz. Lo tengo que tirar y ya sabes que no me gusta tirar la comida —dijo, tras servirse un poco y observar el resto, negro y pegado a la cacerola—.
—No todo está malo. Tira sólo lo que está quemado —respondí, implicando que había partes «salvables»—.
—Lo poco útil ya me lo serví, pero quemaste prácticamente todo. Nada más se puede salvar.
—Pues si tanto te molesta que haya quemado el arroz, tíralo y prepárate otro a tu gusto —dije, molesto—.

¿Hay diferencia entre los diálogos? Sí. Mucha. Resulta que el diálogo inferior (el que yo interpreté) es personal, es decir, ataca mi capacidad e integridad; a diferencia del primero, en donde el tema es el arroz. Entiendo que esta interpretación ocurrió dentro de mi cabeza y me queda claro que no es lo que realmente me quiso decir, pero no puedo sacudirme la sensación de rechazo y de agresión en contra de mi persona.

¿Cuántas veces reaccionamos y tomamos posturas o actitudes basándonos en un diálogo que nunca ocurrió? Como respuesta, me atrevería a decir que «prácticamente todo el tiempo». Escuchar el segundo diálogo es interpretar lo ocurrido según mi estado de ánimo, haciendo que mis aptitudes dependan de la hazaña. En cambio, el primero simplemente narra un hecho. Pone distancia entre nosotros y lo narrado. Lo sucedido nos es inocuo. Cuando aprenda a escuchar así, podré declararme «padre consciente».

Peritos
Foto: Anz-i vía photopin cc

3 comentarios:

Marco dijo...

Ok con lo del arroz... pero, y el Migue y el Rafita???

Peritos dijo...

@Marco:
Gracias por tu comentario. Resulta que el Migue y el Rafita sí participaron ese día... ¡en sacarme de quicio antes de que Gaby llegara!; sin embargo, la entrada quedaba demasiado larga, por lo que omití esa parte dado que lo importante fue mi interpretación del diálogo que tuve con Gaby. Prometo enfocarme más en ellos la próxima vez.
Gracias por tu visita.

Unknown dijo...

ah! sí! La Vaca!!